En resumen
- Definir qué te hace diferente y para quién.
- Revisar cómo se presenta tu competencia.
- Convertir la diferencia en un mensaje que otros puedan repetir.
El posicionamiento de marca no se inventa en una tarde: se descubre preguntando bien. Estas son las preguntas con las que empezamos.
1. ¿A quién quieres dejar de atender?
Posicionarse es elegir. Si tu cliente ideal es «todo el mundo», tu mensaje no le hablará a nadie.
2. ¿Qué dicen tus mejores clientes cuando te recomiendan?
Sus palabras suelen describir tu diferencia mejor que las tuyas. Reléete sus reseñas y mensajes.
3. ¿Qué promete toda tu competencia?
Un análisis de la competencia sencillo lo deja claro: si todas dicen «cercanía, calidad y experiencia», eso ya no diferencia. Busca lo que nadie está diciendo.
4. ¿Qué haces de forma distinta, aunque te parezca normal?
Tu método, tu trayectoria o tu forma de trabajar suelen ser la diferencia que no ves porque la vives cada día.
5. ¿Tu precio cuenta la misma historia que tu marca?
Una marca que se presenta como experta y cobra como la más barata confunde.
Lo que solemos ver
Confundir posicionamiento con logo, colores o eslogan.Querer gustar a todos para no perder a nadie.Copiar el mensaje de la competencia porque «a ellos les funciona».Cambiar de mensaje cada pocos meses, antes de que el mercado lo haya oído.
Por dónde empezar
Escribe en una frase para quién trabajas, qué problema resuelves y por qué tú. Si no cabe en una frase, ahí está el trabajo.
¿Cuál de estas preguntas te gustaría responder primero?

